Porque es así la vida real: un gran tablero donde el destino es el que tiene la última palabra... el que es capaz de fastidiarte todo con un simple movimiento... Y entonces piensas sobre aquella sensación que te atenaza el estómago y empuja a las lágrimas que llevas reteniendo a que salgan a tropicones, sin tregua.
Sacas fuerzas de donde puedes y consigues no derramar ninguna; eres fuerte y lo sabes, pero tanto tiempo de sufrimiento están consiguiendo resquebrajar aquella armadura a prueba de malos recuerdos, de sentimientos ahogados...
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